“Rastros de una fotografía”


 “Rastro de una fotografía”

Estoy en la penumbra, entre la luz de tu recuerdo y la obscuridad de tu ausencia, es que mis días reclaman tu presencia...


En esa mezcla de luces y sombras, sigo mi camino, esperando el día, en que nos volvamos a encontrar. En estos momentos en que los rumores del invierno llaman a la puerta, llevo en mi corazón ese pedacito de primavera, que vos me regalaste el mismo día en que nací.


Porque como los tulipanes, mantengo la esperanza de que llegue ese día azul resplandeciente,donde sienta tus caricias como roció de la mañana y tu sonrisa sea el sol en mi ventana. Es que estoy palpando sombras, en medio de un silencio reverencial, para escuchar los gemidos inefables del alma. Ojalá arrullaras con tu canto, a ese niño que aún vive en mí, no como cobarde niñería, sino con esa alegría que vis pusiste en mi.


Vos que sin dudarlo desdibujaste tu cintura para verme nacer, yo nada pude hacer,cuando vi cómo se desmoronaba tú menuda figura, sabiendo que ibas camino a la sepultura. Pero te mantuviste firme en esa fe, que yo de vos mame, una fe que no fue, un silogismo intelectual, sino una entrega existencial, que te llevo a dar con confianza ese salto a la eternidad,


Se que sólo soy un tonto, escribiéndote versos que ya no leerás, porque nadie correrá hacia dónde estás, para decirte:  -Lea doña Betty lo que su hijo el que dicen que tiene el corazón de poeta le escribió...Sabiéndolo, no puedo esquivar lo que mi corazón necesita expresar, porque así te recuerdo yo, con esa alegría de vivir, con esa apertura para compartir. Sabes cuando plancho mis camisas me parece escucharte con tu voz afinada cantando y yo me quedo evocando esos momentos compartidos. Yo he quedado aquí en mis otroños, con la esperanza de ver algún día junto a vos la primavera.


Hay una impresión imborrable de tu presencia en mi vida, que es como mancha en el acero; hay huellas invisibles pero tan persibibles en mi existencia, que atestiguan ese rastro de tu fotografía en mi vida.


Se que contra todas las apuestas,vos apostaste siempre por mí y Dios sabe que muchas veces hice hasta lo imposible para que ganaras, aunque la mayoría de las veces no fue así; porque vos como nadie siempre creíste en mi, no por lo veían los demás, sino porque me mirabas con amor...


Hoy que se han cerrado tus ojos bonitos, espero que cuando los abras en la eternidad, tu mirada adquiera el brillo de un aura celestial y que su destello acompañé mis días hasta el final. 


Es que fue tu dulzura embriagadora esa miel sobre el postre de la vida, en una infancia a la que tantas veces he querido regresar, porque allí estabas vos, con tus abrazos eternos y esa forma que tenías de hacerme sentir, que todo estaría bien...

Fuiste vos esa estrella de mi Belen pues vos guiaste mis pasos a Dios, sin recurrir a sermones gastados o a temores infundados, sino con tu gran amor.


Pues fuiste vos la que me enseñaste, que en esta vida es mejor gastarse que oxidarse, que el traje de nos dieron, no es para entregarlo planchado, sino con las arrugas que atestigüen, las risas que provocan los momentos alegres compartidos y las gesticulaciones de las más profundas emociones. Y que la adoración que Dios recibe con agrada, es la de un corazón agradecido.


Con el amor profundo y sencillo de ese niño, en el que infundiste tanto amor y cariño.

Tú hijo 

              Miguel Oswaldo

#Amimadre

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